martes, 22 de diciembre de 2009

Celina: nueva integrante de la familia!

Hace tiempo que no agrego información sobre la familia del bisabuelo Giovanni, por razones de trabajo lejos de casa... en San Juan, donde estuvimos con Miche desde febrero hasta hace unos días.

Extrañaba escribir aquí y en la distancia pensé que sería una buena opción empezar a informar sobre nuevos miembros descendientes en la genealogía del bisabuelo y del abuelo José. Este año hubo dos nacimientos y, aunque con algo de demora, bien vale empezar a mostrar en sociedad a estos bebés.

Hoy tengo las fotos de Celina, que nació el 3 de julio. Es hija de Marcos y de Luciana, los tres viven felices en una ciudad bonita del sur.

Marcos es el mayor de los hijos de Liliana Virgili y Mario F., que viven actualmente en La Pampa.

Les agrego dos fotos y, realmente, coincidirán conmigo en que esta descendiente es una preciosura que dignifica la parte de los Virgili que lleva en la sangre, además de la de sus otros ascendientes por parte de Marcos y Luciana. A ellos les agradezco el permiso para publicarlas en el baúl familiar y espero que sigan "haciendo" bebés de semejante belleza.

Hasta la próxima descendiente, que me debe aún las fotos!

jueves, 7 de mayo de 2009

Se nos fue también Blanca Guerendiain...

El 30 de abril, en silencio y serenamente, Blanca Guerendiain inició su viaje final... aunque no sabemos si fue directamente al cielo o, antes, se quedará un tiempo en la zona de La Pala y Murature.

Con su permiso, voy a transcribir algunas líneas del correo electrónico donde su hijo Eduardo Firpo me hace saber que ella nos dejó un hueco en la vida terrenal:

...
Después que vos la viste a Blanca, su problema neurológico se fue agravando, con dificultades para caminar, después tuvo dos o tres caídas y ... Eso, sumado a que la señora que la cuidaba se fisuró el hombro, me hizo decidir y hace un par de meses me la traje a ...
Acá conseguí un Residencial donde la atendían muy bien, estaba muy contenta con las chicas que la cuidaban y con el jardín de rosas que a veces con dificultad, recorría.
Con Mercedes íbamos casi todos los días a tomar mate con masitas y nos estábamos haciendo amigos con toda esa gente.

Pero el 30 decidió seguir durmiendo y no se despertó a tomar el desayuno. Por suerte no sufrió y su cara tenía una gran paz...
...

En el comentario del 5 de agosto de 2007 relaté nuestra visita a su casa en Quilmes. Ya expresé que aún con sus problemas neurológicos, dejaba conocer a una señora muy, muy dulce, con una cara de bondad indiscutible. Con su lucidez y memoria algo magulladas por los años, me dejó pinceladas de un profundo amor por su tierra natal y por su infancia en aquellas tierras de arena y viento, pero cubiertas también por el sorprendente amor que le profesan todos los que allá nacieron y crecieron.

Le comenté a Eduardo en mi respuesta que imaginé que, los que nos dejan aquí, se están reuniendo en La Pala, Murature y Villa Maza, en las casas que quedan y también en las que se derrumbaron, en las calles arenosas de la panadería, la plaza, la carnicería, la escuela... en fin, en todos y cada uno de los lugares que guardaron toda la vida en sus retinas y en su corazón, como me enseñaron a atesorarlo a mí también, como heredero por propia voluntad de esas vivencias formidables que experimentaron.

Chau, Blanca, viejita linda y dulce, disfrutá tu merecido viaje largo y el reencuentro con tu tierra, con tu esposo, con tus hermanos, con tus amigos... y deciles que también quisiera hacer esa escala algún día y gozar nuevamente de esos pagos y de esa gente. Saludá por mí, especialmente, a tu hermana Amelia, al tío Andrés y a mis viejos, que deben andar caminando del brazo por cualquier callecita de arena. Que Dios te bendiga.

jueves, 26 de marzo de 2009

Papá en el patio del campo

Después de morir papá heredé una bolsita con fotos... parte de aquellas fotos que cuando éramos chicos casi no dejaban que tocáramos nuestro padres. Francamente las miré por arriba, tal vez sintiendo que era muy pronto para "revolver" aquel pasado que el duelo me hacía pesado todavía.

Hace unos meses el ánimo me daba y las miré con ese cariño que todos sentimos cuando vemos los recuerdos, hechos fotografía, de gente a la que amamos mucho.

Relaté en otras ocasiones que el campo de los abuelos era una especie de paraíso veraniego, un oasis en medio de la arena pampeana calentada por el implacable sol o arrastrada por el no menos implacable viento. Sin embargo, cada recuerdo de ese lugar es de gloria para mi memoria... me lleva a la infancias de papá y los tíos, de la abuela Lucía cuidando su "jardín", del abuelo yendo y viniendo mientras escucho aún el golpe de la puerta metálica que separaba el patio interno de la zona de la casa que daba al camino a la tranquera.

Ya mostré las fotos tristes de lo que hoy es eso... nada... más que pasto y unos signos de que definitivamente nadie habita ese "oasis". Claro, ya nadie queda allí, aquello es parte del pasado, aunque mi memoria lo haga presente con frecuencia.

Bien, hay una foto de papá (¿tendría algo más de 20 años?), que se ha sacado de espaldas al alambrado y puerta del "jardín", con el camino a La Pala atrás, la casa a la derecha de la foto (izquierda de papá), el tanque y molino un poco al frente y a la derecha de papá y la tranquera, el brete y un corral chico a la espalda del fotógrafo (quién habrá sido?).

Observen el detalle del cuidado de canteros, plantas y las formas de podar la ligustrina... mi Dios!... lo veo como si fuese hoy. En esa arena del patio nos revolcábamos jugando con mi hermana, eran unos días de puro juego y de recibir los mimos de los abuelos y los tíos!

En fin. La vida sigue, y la alegría de tener memoria, también.

sábado, 24 de enero de 2009

Documento del abuelo "Pepe"

Hace unos pocos meses, una vez más, Lucía me sorprendió con un envío completamente inesperado y valioso para mí: las imágenes escaneadas del documento que perteneció al abuelo Pepe.

En la misma idea de que este baúl sirva para guardar recuerdos de nuestra familia virgiliana, subo esas imágenes que han hecho nace
r una nueva ola de recuerdos felices, nostalgias, duelos y tantas sensaciones más, propias de quien está profundamente comprometido sentimentalmente con sus raíces.

La cédula Nº 22.568 se emitió en Santa Rosa el día 9 de diciembre del año 1942; es decir, cuando el abuelo tenía ya 63 años.

No sé por qué motivo se documentó tan tarde en su vida, pero probablemente fue por la necesidad de algún trámite o gestión que exigía poseer la cédula. Igualmente, desconozco la causa de la gestión en La Pampa, ¿quizá no se emitía en Buenos Aires?... misterio para mí!