jueves, 26 de marzo de 2009

Papá en el patio del campo

Después de morir papá heredé una bolsita con fotos... parte de aquellas fotos que cuando éramos chicos casi no dejaban que tocáramos nuestro padres. Francamente las miré por arriba, tal vez sintiendo que era muy pronto para "revolver" aquel pasado que el duelo me hacía pesado todavía.

Hace unos meses el ánimo me daba y las miré con ese cariño que todos sentimos cuando vemos los recuerdos, hechos fotografía, de gente a la que amamos mucho.

Relaté en otras ocasiones que el campo de los abuelos era una especie de paraíso veraniego, un oasis en medio de la arena pampeana calentada por el implacable sol o arrastrada por el no menos implacable viento. Sin embargo, cada recuerdo de ese lugar es de gloria para mi memoria... me lleva a la infancias de papá y los tíos, de la abuela Lucía cuidando su "jardín", del abuelo yendo y viniendo mientras escucho aún el golpe de la puerta metálica que separaba el patio interno de la zona de la casa que daba al camino a la tranquera.

Ya mostré las fotos tristes de lo que hoy es eso... nada... más que pasto y unos signos de que definitivamente nadie habita ese "oasis". Claro, ya nadie queda allí, aquello es parte del pasado, aunque mi memoria lo haga presente con frecuencia.

Bien, hay una foto de papá (¿tendría algo más de 20 años?), que se ha sacado de espaldas al alambrado y puerta del "jardín", con el camino a La Pala atrás, la casa a la derecha de la foto (izquierda de papá), el tanque y molino un poco al frente y a la derecha de papá y la tranquera, el brete y un corral chico a la espalda del fotógrafo (quién habrá sido?).

Observen el detalle del cuidado de canteros, plantas y las formas de podar la ligustrina... mi Dios!... lo veo como si fuese hoy. En esa arena del patio nos revolcábamos jugando con mi hermana, eran unos días de puro juego y de recibir los mimos de los abuelos y los tíos!

En fin. La vida sigue, y la alegría de tener memoria, también.