Con su permiso, voy a transcribir algunas líneas del correo electrónico donde su hijo Eduardo Firpo me hace saber que ella nos dejó un hueco en la vida terrenal:
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Después que vos la viste a Blanca, su problema neurológico se fue agravando, con dificultades para caminar, después tuvo dos o tres caídas y ... Eso, sumado a que la señora que la cuidaba se fisuró el hombro, me hizo decidir y hace un par de meses me la traje a ...
Acá conseguí un Residencial donde la atendían muy bien, estaba muy contenta con las chicas que la cuidaban y con el jardín de rosas que a veces con dificultad, recorría.
Con Mercedes íbamos casi todos los días a tomar mate con masitas y nos estábamos haciendo amigos con toda esa gente.
Pero el 30 decidió seguir durmiendo y no se despertó a tomar el desayuno. Por suerte no sufrió y su cara tenía una gran paz...
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Después que vos la viste a Blanca, su problema neurológico se fue agravando, con dificultades para caminar, después tuvo dos o tres caídas y ... Eso, sumado a que la señora que la cuidaba se fisuró el hombro, me hizo decidir y hace un par de meses me la traje a ...
Acá conseguí un Residencial donde la atendían muy bien, estaba muy contenta con las chicas que la cuidaban y con el jardín de rosas que a veces con dificultad, recorría.
Con Mercedes íbamos casi todos los días a tomar mate con masitas y nos estábamos haciendo amigos con toda esa gente.

Pero el 30 decidió seguir durmiendo y no se despertó a tomar el desayuno. Por suerte no sufrió y su cara tenía una gran paz...
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En el comentario del 5 de agosto de 2007 relaté nuestra visita a su casa en Quilmes. Ya expresé que aún con sus problemas neurológicos, dejaba conocer a una señora muy, muy dulce, con una cara de bondad indiscutible. Con su lucidez y memoria algo magulladas por los años, me dejó pinceladas de un profundo amor por su tierra natal y por su infancia en aquellas tierras de arena y viento, pero cubiertas también por el sorprendente amor que le profesan todos los que allá nacieron y crecieron.
Le comenté a Eduardo en mi respuesta que imaginé que, los que nos dejan aquí, se están reuniendo en La Pala, Murature y Villa Maza, en las casas que quedan y también en las que se derrumbaron, en las calles arenosas de la panadería, la plaza, la carnicería, la escuela... en fin, en todos y cada uno de los lugares que guardaron toda la vida en sus retinas y en su corazón, como me enseñaron a atesorarlo a mí también, como heredero por propia voluntad de esas vivencias formidables que experimentaron.
Chau, Blanca, viejita linda y dulce, disfrutá tu merecido viaje largo y el reencuentro con tu tierra, con tu esposo, con tus hermanos, con tus amigos... y deciles que también quisiera hacer esa escala algún día y gozar nuevamente de esos pagos y de esa gente. Saludá por mí, especialmente, a tu hermana Amelia, al tío Andrés y a mis viejos, que deben andar caminando del brazo por cualquier callecita de arena. Que Dios te bendiga.