
Eugenia es la hija menor, la que me permitió entrar por tercera y última vez como padrino para entregarla a su inminente esposo a los pies del altar, ese altar que fue testigo también de su Bautismo, de su primera Comunión y de su Confirmación.
A pesar de que los jóvenes de hoy viven más aceleradamente los tiempos de noviazgo, incluyendo comúnmente la convivencia prematrimonial, no deja de ser emocionante el simbolismo de "entregar" a una hija a su marido ante testigos, la comunidad y Dios. Esta vez me quedó una serena felicidad de ver cumplidos todos los ideales de padres, es decir, ver que todos nuestros hijos, por propia voluntad, han elegido el camino de formalizar sus compromisos de matrimonio ante Dios.
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| Gabriel, Eugenia, yo y Emilse |
No puedo hablar objetivamente como padre, pero Eugenia estaba espléndida, hermosa, con mucha ilusión en que el amor que se profesa con Gabriel fructifique a partir de ahora en una unión para toda la vida, objetivo por el que todos rogamos que sepan cumplir con el sacrificio y constancia que semejante tarea implica (y la ayuda de Dios). Les tengo fe.
Nuestros cuatro hijos ya se han casado... con Emilse nos sentimos plenamente realizados de verlos recorrer a todos, con mucha energía y decisión, el proyecto de vida que cada uno ha forjado para su vida independiente junto al ser amado que han elegido. No le podemos pedir nada más a Dios, ni a la vida ni a nuestro propio matrimonio.
