Hoy, hace pocas horas, dejó esta vida en paz, tomada de la mano de su hija Ellén, en Bahía Blanca.
En otras entradas he hablado de ella, de su vida sacrificada, de su bondad permanente, de su mirada dulce y de su sonrisa tierna.
Hablé de su lucidez, de su permanente recuerdo de la familia, del campo, de los padres, de los hermanos.
Comenté que era la imagen de una mujer que vivió para su familia y para trabajar, desde niña en el campo de sus padres y ya mujer en el campo con el tío Tomás o en Carhué con el tío Pedro.
Y hoy, que esa enorme mujer nos ha dejado sin su presencia física, para siempre, siento personalmente que he perdido una raíz única, un lazo directo, de sangre y de alma, con esa familia, mía también, que tan profundamente se ganó mi sentimiento de pertenencia y de orgullo.
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| María es la primera de la izquierda (foto de toda la familia en el campo de La Pala, calculo que alrededor de 1930) |
No le fue fácil, pero lo hizo, y se aferraba a la vida hasta sus últimos momentos... le pedía ayer a Pedro y a Ellén que no le dieran cosas que el médico le había recomendado por su salud!
Puedo tomar esto de muchas formas: desde la lógica de la vida porque era de edad avanzada, o desde el consuelo de que no sufrió, desde la distancia física de verla cada dos o tres años o desde el fatalismo de asumir que todos debemos morir... pero hoy mi corazón, con esta noticia siente la tristeza de haber perdido el último eslabón vivo de ese núcleo familiar del abuelo José y de la abuela Lucía, que fue, es y será por siempre parte de lo mejor de mi propia vida.

Acariciar su piel, ver su rostro o escuchar su voz era, todas y cada una de las veces, hacer presente, como una encarnación, a los abuelos, a papá y a los tíos... era rememorar vivencias, gestos, signos y momentos de gloria para mi alma, aferrada a ellos y a lo que representaron en mi vida.
No sé como despedirme tía... si con esta lágrima que se me escapa ahora por tu ausencia definitiva o si con la felicidad de haberte conocido y compartido, en la esperanza de que en tu viaje al cielo prometido te reencuentres con todos los que amaste y partieron antes y, sobre todo, con un pedido especial... que por favor, les digas a los abuelos, a papá y a los tíos que los amo profundamente y que deseo creer que, ahora sí, estarán todos reunidos con la alegría de la sangre, del cariño y de nuestra raíz italiana gestada en La Pala.
Hasta siempre, querida tía María, que Dios te acompañe en tu ruta nueva, en tu reencuentro con los que amaste y nos deje a nosotros el consuelo por ser testigos de tu partida.

