Esta vez no lo hice solo. Fui hasta Bahía Blanca y coordinamos con mi prima hermana Ellén la escapada hasta el pueblo y también Villa Maza. Invitamos a otro nativo de La Pala, el amigo Pedro Sarcou.
Salimos a la mañana del jueves 8 de diciembre (día de la Inmaculada) y regresamos a la noche a Bahía Blanca.
Sobra decir que, aunque fue un poco cansador por las distancias, los recorridos y el calor, los tres compartimos momentos emocionalmente muy intensos por los encuentros con familiares y amigos que ayudaron a repasar hermosos recuerdos de la historia de nuestra familia.
En Maza recorrimos el cementerio, para hacer una oración ante la sepultura de algunos familiares muy cercanos. Luego, compartimos un almuerzo en la casa de Juan "Pocho" Volpe y Elida "Lily" Virgili, con su hijo Fabio y la esposa. Una juntada de esas que llenan el alma de hospitalidad y deseos de quedarse largo tiempo con gente de enorme corazón.
Después de una excelente sobremesa, el infaltable viaje hasta La Pala y el origen local de las raíces: el campo que fue del abuelo y actualmente pertenece a la familia Borges.
Cada viaje es más dificultoso llegar por la huella que conduce a la tranquera, ya que tengo un auto común y se necesitaría una camioneta para no andar tocando abajo, pero no podría detenerme ese detalle.
La entrada actual al campo "de los Virgili".
Al fondo, el monte del predio donde estaba la casa de
los abuelos y tíos.
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Pasé la tranquera, donde nos fotografiamos con Ellén, y caminé nuevamente hasta el predio (conserva su perímetro alambrado original) donde se ubicaba la casa de los abuelos y tíos. Ya es imposible ver rastro alguno porque al no haber animales, los yuyos de todo tipo están creciendo abundantemente y no dejan casi andar por el lugar. Hay también muchas cuevas de peludos.
Como es usual, luego de recordar las vivencias, familia, voces y demás en ese espacio, hice una oración por sus almas y retorné hasta el pueblo.
Esta vez, por haber sido Ellén y Pedro protagonistas de La Pala/Murature, nos detuvimos a conversar un rato con Omar Rober, quien con gran memoria desgranó innumerables recuerdos con nombre, apellido y lugar.
Claro, hubo momentos de impacto lógico, como cuando Pedro estuvo otra vez frente a lo que fue su casa familiar, el almacén de ramos generales de Nicolini y Samponi, que regenteaba su padre. También hubo alguna buena noticia, como que nuestra querida Colonia La Pala ha recuperado habitantes, que actualmente llegan a cerca de 35 personas. Se hace difícil vivir ahí, porque no hay negocio alguno, pero se han organizado de tal manera que juntan los pedidos cuando alguno viaja a Maza o Catriló y se abastecen de los elementos necesarios.
Al regreso, luego de una pasada por la estación Francisco Murature (cada vez más deteriorada por el abandono y el paso del tiempo), agotados, pero felices, emprendimos el camino a Bahía.
Estoy seguro de que mientras haya salud, volveré.