¡Por fin! Dos de mis primas, Liliana y Lucía, han empezado a colaborar y mandar datos. Me resulta gratísimo conocer o recordar cosas de los tíos. Los recuerdo tan vívidamente a todos que inevitablemente saltan en mi memoria decenas de recuerdos de cada uno, de los lugares, de sus gestos y tonos de voz... eran tan parecidos gestualmente!
Tío Vicente era de los mayores, pero se casó (a los 28 años) solamente 4 meses y 2 días antes que papá (a los 27 años) ¿lo habrán coordinado o fue casualidad? La tía Pety era de Bahía Blanca, ¿dónde se conocieron? Me hago la película de esos romances, igual que el de papá y mamá en Villa Maza. Papá tocó por primera vez a mamá en un baile, al compás del tango "Tormenta", que es desde que lo supe uno de mis favoritos. Cuenta que estaba con un amigo y que el otro se "la dejó" a él... menos mal para nosotros!
Cuando hablaba con papá de estos datos que me llegaron, amplió el recuerdo diciéndome que se casaron en Catriló (¿por qué allí?). Que luego de la crisis y desvalorización que dejó la I Guerra Mundial, Pedro y Antonio Arancet se quedaron con las estancias de los Hernandorena: "La Pala", donde pusieron de mayordomo a Roberto Hernandorena, y "Los Pinos", donde pusieron a un tal Semper. Roberto era hermano de tía Pety. Después que se casaron los tíos fueron a vivir a Quilmes porque él hacía el control de baterías e intrumentos eléctricos de los autos fabricados en la planta de General Motors. Papá viajó a días de nacer Lucía. De un viaje salió el proyecto de asociarse en la compra del camión Chevrolet, con el que se fueron ambos a San Cayetano. La mudanza la hicieron en el flamante camión, salieron a las 7 de la mañana de Quilmes y llegaron a las 22:00 a San Cayetano!
El tío Luis era el menor de los varones y el anteúltimo de los 8 hijos. Se casó a los casi 32 años. La tía Haydeé es del pueblo del ilustre autor de "Juvenilia" y nació a 21 años de fundado en tierras que eran propiedad de sus descendientes en el partido (Departamento, le llaman los pampeanos) de Quemú-Quemú. Papá dice al respecto que el tío Luis era tan "pintón" que lo confundían con un actor famoso de la época (no recuerda el nombre). Parece que se conocieron en un lugar donde la tía era maestra, tal vez una estancia... no tiene presente el dato.
En cuanto a que los tíos nacieron en Villa Maza, no es así. Todos los tíos y tías nacieron en el campo y asistió a la abuela una partera de ascendencia india, que se llamaba Escaraciola. Ocurre que al no haber oficina del Registro Civil en La Pala, el abuelo los anotó a todos en el de Villa Maza, de ahí la confusión.
Caray!... valgan los lindos recuerdos. Sigamos así, juntando datos que engorden el árbol genealógico.
Un lugar para conocer y reunir a la familia de Giovanni Virgili (mi bisabuelo), estén donde estén.
jueves, 15 de septiembre de 2005
jueves, 1 de septiembre de 2005
¿Apasionado?
Una persona querida de la familia, luego de leer este blog, ha opinado que soy apasionado... y yo me quedé pensando si es el adjetivo adecuado. No es que sea importante, pero vale. Apasionados son los que tienen pasión, y la pasión es el deseo muy vivo de algo o alguien. Bajo esta línea, no soy un apasionado en esto de la genealogía, por lo menos, no primordialmente.
Antes de explicarlo, debo decir que estoy sorprendido de mis primos hermanos, porque nunca pretendí que sientan como yo o siquiera que se contagien de mi entusiasmo "virgilesco", pero esperaba que algunos minutos dediquen por cariño a mí, si es que no lo tienen por el abuelo o nuestros ancestros. Después de semanas sigo esperando que me ayuden a componer y/o validar los datos que tengo de nuestra historia familiar, es decir, que abran este baúl un momento para poner un granito de arena, nunca pedí más que eso. Sigo creyendo que no es mucho pedir y espero no equivocarme.
Volviendo a las motivaciones, no hay una explicación como tampoco puede explicarse el amor, el verdadero amor. Un poco puede ser por alguna chicana psicológica, pero creo que más tiene que ver con dos motivos: 1) que mis raíces propias son casi inexistentes porque nací en San Cayetano accidentalmente por la vida laboral nómade de papá, así que en esa bonita ciudad cercana a Necochea, no había (ni hay) amigos o familiares que hagan terreno para anclar. Regresé de pasada unas veces más, y me gusta mucho, pero nada más. 2) amo a mis padres entrañablemente y papá, especialmente, desde que tengo uso de razón ha vivido hablando con tremendo amor contenido (y también con mucho resentimiento de una infancia dura con el abuelo) de sus padres, del campo, de La Pala, de la estación Murature, de los tíos y las tías, de los caballos, las chicas y los bailes, de las correrías por Quenuma, Rolón, Rivera, Maza y aledaños, de los Anchorena, los Castex, los cardos rusos... miles de recuerdos que a fuerza de escuchar toda mi vida (sin que papá se diese cuenta ni yo), hicieron crecer mis raíces sobre las suyas.
Hace muchos años que supe que no iba a pagar una psicóloga para que me explique esta necesidad de saber, de conocer toda la historia posible desde mis bisabuelos hasta nosotros. Es mucho más que pasión, es también amor, curiosidad, placer, orgullo, vocación, voluntad, paciencia, ilusión, apego, gratitud. Soy Virgili y luché hasta mis 56 años actuales para despojarme de muchas características negativas de esta sangre, especialmente el no saber demostrar lo que siento en el interior por quienes son mi familia, pero también me esfuerzo por mantener algunas otras características propia de ellos, como la nobleza y la rectitud, que aunque maltratada a veces por sus resentimientos personales, nunca dejó de aflorar.
No sé si podré (tampoco me desvela) pero espero terminar de conocer esta historia con la ayuda de quienes valoren mínimamente a este pariente quijotesco en cuanto a lo genealógico y en el mismísimo Cingoli, caminando sus calles tortuosas de montaña e imaginando al abuelo "Pepe" cuando a sus 6 años lo dejaron una noche afuera hasta que encontrara una oveja que se le había extraviado de la majada que tenía la responsabilidad de cuidar.
Tengo un enorme consuelo, además del placer que mencioné, y es que con esto no sólo que no hago mal alguno, sino que casi lo siento como una obligación moral conmigo primero, con papá después, y con el abuelo y bisabuelos al final. Después de todo, de su sangre viene la mía y eso es... mi sangre.
Antes de explicarlo, debo decir que estoy sorprendido de mis primos hermanos, porque nunca pretendí que sientan como yo o siquiera que se contagien de mi entusiasmo "virgilesco", pero esperaba que algunos minutos dediquen por cariño a mí, si es que no lo tienen por el abuelo o nuestros ancestros. Después de semanas sigo esperando que me ayuden a componer y/o validar los datos que tengo de nuestra historia familiar, es decir, que abran este baúl un momento para poner un granito de arena, nunca pedí más que eso. Sigo creyendo que no es mucho pedir y espero no equivocarme.
Volviendo a las motivaciones, no hay una explicación como tampoco puede explicarse el amor, el verdadero amor. Un poco puede ser por alguna chicana psicológica, pero creo que más tiene que ver con dos motivos: 1) que mis raíces propias son casi inexistentes porque nací en San Cayetano accidentalmente por la vida laboral nómade de papá, así que en esa bonita ciudad cercana a Necochea, no había (ni hay) amigos o familiares que hagan terreno para anclar. Regresé de pasada unas veces más, y me gusta mucho, pero nada más. 2) amo a mis padres entrañablemente y papá, especialmente, desde que tengo uso de razón ha vivido hablando con tremendo amor contenido (y también con mucho resentimiento de una infancia dura con el abuelo) de sus padres, del campo, de La Pala, de la estación Murature, de los tíos y las tías, de los caballos, las chicas y los bailes, de las correrías por Quenuma, Rolón, Rivera, Maza y aledaños, de los Anchorena, los Castex, los cardos rusos... miles de recuerdos que a fuerza de escuchar toda mi vida (sin que papá se diese cuenta ni yo), hicieron crecer mis raíces sobre las suyas.
Hace muchos años que supe que no iba a pagar una psicóloga para que me explique esta necesidad de saber, de conocer toda la historia posible desde mis bisabuelos hasta nosotros. Es mucho más que pasión, es también amor, curiosidad, placer, orgullo, vocación, voluntad, paciencia, ilusión, apego, gratitud. Soy Virgili y luché hasta mis 56 años actuales para despojarme de muchas características negativas de esta sangre, especialmente el no saber demostrar lo que siento en el interior por quienes son mi familia, pero también me esfuerzo por mantener algunas otras características propia de ellos, como la nobleza y la rectitud, que aunque maltratada a veces por sus resentimientos personales, nunca dejó de aflorar.
No sé si podré (tampoco me desvela) pero espero terminar de conocer esta historia con la ayuda de quienes valoren mínimamente a este pariente quijotesco en cuanto a lo genealógico y en el mismísimo Cingoli, caminando sus calles tortuosas de montaña e imaginando al abuelo "Pepe" cuando a sus 6 años lo dejaron una noche afuera hasta que encontrara una oveja que se le había extraviado de la majada que tenía la responsabilidad de cuidar.
Tengo un enorme consuelo, además del placer que mencioné, y es que con esto no sólo que no hago mal alguno, sino que casi lo siento como una obligación moral conmigo primero, con papá después, y con el abuelo y bisabuelos al final. Después de todo, de su sangre viene la mía y eso es... mi sangre.
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