jueves, 1 de septiembre de 2005

¿Apasionado?

Una persona querida de la familia, luego de leer este blog, ha opinado que soy apasionado... y yo me quedé pensando si es el adjetivo adecuado. No es que sea importante, pero vale. Apasionados son los que tienen pasión, y la pasión es el deseo muy vivo de algo o alguien. Bajo esta línea, no soy un apasionado en esto de la genealogía, por lo menos, no primordialmente.

Antes de explicarlo, debo decir que estoy sorprendido de mis primos hermanos, porque nunca pretendí que sientan como yo o siquiera que se contagien de mi entusiasmo "virgilesco", pero esperaba que algunos minutos dediquen por cariño a mí, si es que no lo tienen por el abuelo o nuestros ancestros. Después de semanas sigo esperando que me ayuden a componer y/o validar los datos que tengo de nuestra historia familiar, es decir, que abran este baúl un momento para poner un granito de arena, nunca pedí más que eso. Sigo creyendo que no es mucho pedir y espero no equivocarme.

Volviendo a las motivaciones, no hay una explicación como tampoco puede explicarse el amor, el verdadero amor. Un poco puede ser por alguna chicana psicológica, pero creo que más tiene que ver con dos motivos: 1) que mis raíces propias son casi inexistentes porque nací en San Cayetano accidentalmente por la vida laboral nómade de papá, así que en esa bonita ciudad cercana a Necochea, no había (ni hay) amigos o familiares que hagan terreno para anclar. Regresé de pasada unas veces más, y me gusta mucho, pero nada más. 2) amo a mis padres entrañablemente y papá, especialmente, desde que tengo uso de razón ha vivido hablando con tremendo amor contenido (y también con mucho resentimiento de una infancia dura con el abuelo) de sus padres, del campo, de La Pala, de la estación Murature, de los tíos y las tías, de los caballos, las chicas y los bailes, de las correrías por Quenuma, Rolón, Rivera, Maza y aledaños, de los Anchorena, los Castex, los cardos rusos... miles de recuerdos que a fuerza de escuchar toda mi vida (sin que papá se diese cuenta ni yo), hicieron crecer mis raíces sobre las suyas.

Hace muchos años que supe que no iba a pagar una psicóloga para que me explique esta necesidad de saber, de conocer toda la historia posible desde mis bisabuelos hasta nosotros. Es mucho más que pasión, es también amor, curiosidad, placer, orgullo, vocación, voluntad, paciencia, ilusión, apego, gratitud. Soy Virgili y luché hasta mis 56 años actuales para despojarme de muchas características negativas de esta sangre, especialmente el no saber demostrar lo que siento en el interior por quienes son mi familia, pero también me esfuerzo por mantener algunas otras características propia de ellos, como la nobleza y la rectitud, que aunque maltratada a veces por sus resentimientos personales, nunca dejó de aflorar.

No sé si podré (tampoco me desvela) pero espero terminar de conocer esta historia con la ayuda de quienes valoren mínimamente a este pariente quijotesco en cuanto a lo genealógico y en el mismísimo Cingoli, caminando sus calles tortuosas de montaña e imaginando al abuelo "Pepe" cuando a sus 6 años lo dejaron una noche afuera hasta que encontrara una oveja que se le había extraviado de la majada que tenía la responsabilidad de cuidar.

Tengo un enorme consuelo, además del placer que mencioné, y es que con esto no sólo que no hago mal alguno, sino que casi lo siento como una obligación moral conmigo primero, con papá después, y con el abuelo y bisabuelos al final. Después de todo, de su sangre viene la mía y eso es... mi sangre.


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