los dueños originales y vecinos del campo. Es probable que haya algún error propio de su memoria, aunque era prodigiosa, pero se debe acercar bastante a lo que aconteció. Los relatos de papá los saqué de una filmación que le hice en febrero de 1994, cuando él tenía 75 años y disfrutaba tremendamente que yo le haga contar, por milésima vez, las historias desde su niñez hasta su adolescencia en esos pagos.
La foto es del año 1996, cuando quedaba de la casa del campo lo que fue el comedor y algunos tirantes del techo. Debajo del comedor estaba el sótano, que más adelante se verá el estado actual, como único rastro de lo que fue. Tengo filmaciones de 1993, cuando había aún algo de paredes de lo que eran los dormitorios y la cocina.
Mi abuelo compró campo al mismo tiempo que su hermanos Pacífico, Alejandro y Venancio. Lamentablemente no tengo precisiones sobre el año que ocurrió la adquisición (antes alquilaban). Eran años en que no había muchas herramientas ni métodos para labranza. El INTA les daba instrucciones de cómo sembrar en los medanales y a quemar el rastrojo después de las cosechas (el INTA fue creado en 1956, así que es seguro que papá le ha errado en esta parte del recuerdo).
Un lote de 100 ha se dividía en fracciones de 25 ha. El abuelo compró 50 ha, el cuñado Nicolás Di Yelsi 25 ha y Cipriano Ríos las otras 25 ha.
Al morir la esposa de Nicolás, le vende sus 25 ha al abuelo y él se vuelve a La Plata. Después muere Cipriano y su familia, antes de mudarse a Catriló, le vende sus 25 ha al abuelo, que se queda entonces con sus primeras 100 hs de campo.
Más adelante, le compró otras 100 ha a León Antoniana, con lo que llegó a las 200 hs que poseía. León fue el primero en comprar un Ford T en la zona.
Entre los vecinos del campo se contaban las familias Otero, Guerendiain (padres de Amelia, Clara, Blanca y Abel), Lodi (que tenía también el horno de ladrillos en la entrada del pueblo), el tío Venancio (compró la primera trilladora de la zona), el holandés Ardema(?) (sus 800 ha la compraron luego los Colombatto de Maza) y el tío Tomás Sarriés (con sus hermanos Isidoro y Cristóbal).
El campo del tío Tomás (casado con mi tía María Virgili), en el frente del campo del abuelo, era también de 200 ha. Originalmente fue de los Zucarelli, luego de José Guerendiain, que lo alquiló a los Marcalay(?) (oriundos de General Pirán, trajeron muchas ovejas, a cargo de un Sr. Michelei o algo así) cuando se fueron a Trenque Lauquen. Luego pasó a los González, que lo vendieron a los Sarriés.
La casa del campo original tenía un dormitorio, el comedor y la cocina. El abuelo hizo modificaciones y obras. Agregó el dormitorio de las tías, un baño interno, hizo el dormitorio de los tíos en la antigua cocina y construyó una más grande al costado, con galería. También construyó una despensa y lavadero en el costado derecho, mirando de frente la casa.
La pintura del comedor, con sus ribetes superiores, la hicieron los hermanos Salvador y Benedicto Garófalo, alrededor del año 1932. Usaban la técnica de pintar con distintas esponjas y c
olores. El trabajo estaba tan bien hecho que en la parte de tapera que se ve en la foto de 1996, aún se conservaba perfectamente claro el dibujo pintado (60 años después y a la intemperie!).
olores. El trabajo estaba tan bien hecho que en la parte de tapera que se ve en la foto de 1996, aún se conservaba perfectamente claro el dibujo pintado (60 años después y a la intemperie!).La casa tenía un patio rodeado por alambrado, dentro del cual estaba el aljibe, un tanque tipo australiano de material y el molino. El frente no daba hacia la tranquera, sino el costado derecho de la casa. La tranquera estaba a 200 m y eucaliptus muy grandes había en la parte de atrás e izquierda de la casa.

Actualmente el único rastro que queda, para quienes sabemos de la casa que existió, es un pozo medio relleno de lo que era el sótano y la boca del aljibe, que estaba a pocos metros de la galería. En las fotos, que son de este 8 de octubre, se observa ambos detalles, incluyéndome sentado en lo que queda del aljibe.
No sé de quién es el campo actualmente. Hace unos años me dijeron que de alguien de Maza, pero me gustaría averiguarlo para que sepa que, de vez en cuando, alguien salta el alambrado y camina emocionado hasta donde estaba la casa y el patio, y como el domingo 8, se queda rato largo mirando con los ojos y el corazón ese pedazo de tierra tan unido a las mejores raíces de la familia. Ya no está la tranquera donde estaba antes, sino en el potrero de al lado, pero aunque cada vez quedan menos rastros de lo que fue, también cada vez me atrae más y más pisar ese suelo y recordar cada imagen, aroma y sonido desde mi niñez.
Continuaré.




