Cabe ahora describir muy abreviadamente (¿acaso habría palabras para ilustrar lo que fue una FIESTA del sentimiento fraterno entre primos que se ven todos cada 50 años, más o menos?) la reunión fiestera del sábado 13 al mediodía.
Ellén esperaba que sus hijos Javier, Diego y Andrés le organizaran una reunión donde pudiese juntar sus afectos más valorados, y los hijos sigilosamente le dieron satisfacción con creces a la madre: en el hermoso complejo Punto Aparte, allá por la calle Florida de Bahía Blanca, lograron juntar a unas cincuenta personas entre familiares y amigos de Ellén y Julio César (su marido, fallecido hace unos años y al que todavía extrañamos todos).
Ellén estaba espléndida por fuera y, más aún, por dentro... parecía que no le cabía tanta felicidad de estar con gente a la que ama y que, sobre todo, la ama por sus inmensos valores humanos, sin grupo.
Por la línea del bisabuelo Giovanni y del abuelo José somos siete primos hermanos, de los ocho hijos que tuvo y, excepto por mi hermana María Susana (su ocupación le impidió viajar con mi cuñado Carlos) y Tomás (hermano de Ellén, fallecido en un accidente en 1996), por primera vez
en la vida nos pudimos dar un abrazo común los restantes cinco primos hermanos: Ellén y Pedro (hijos de tía María), Lucía (hija de tío Vicente), Liliana (hija de tío Luis) y yo (hijo de Ernesto Ignacio).
en la vida nos pudimos dar un abrazo común los restantes cinco primos hermanos: Ellén y Pedro (hijos de tía María), Lucía (hija de tío Vicente), Liliana (hija de tío Luis) y yo (hijo de Ernesto Ignacio).¿Qué puedo decir? ¿Qué puedo intentar escribir de semejante emoción? Tal vez quepa, sí, exponer que hemos coincidido todos los primos, desde siempre, desde chicos, que nuestros padres han logrado transmitirnos como herencia un profundo amor fraterno, tan profundo que los encuentros entre nosotros desde que tenemos memoria se sienten como si nunca nos hubiésemos separados por los caminos diferentes de la vida.
Los que lean esto sabrán entender de qué hablo: de ese sentimiento que genera una real felicidad de estar juntos, aunque algunos años o pocos hayan separado nuestro encuentro físico... es decir, los corazones jamás se separaron ni entre nosotros ni entre nuestros ancestros de origen.
En la primera foto, de izquierda a derecha, acompañamos a la tía María: Ellén, Lucía, Pedro, yo y Liliana.
Desde alrededor de las 13:00 hasta casi las 18:00, que nos fuimos, no alcanzó el tiempo para juntarnos y hablar de lo que viniera en gana, sea del presente o del pasado, sea común o no, siempre con una sonrisa de alegría de estar, de compartir... pasó rapidísimo, aunque las imágenes afectivas quedaron grabadas a fuego, en el rincón de las mejores cosas que nos pasan en la vida.
Están excelentes todos los primos: Ellén, cuidando a la tía María, disfrutando a su nieto Tomás 3º y encarando cada día con esa alegría que siempre la caracterizó; Lucía, disfrutando su flamante jubilación como docente y encarando los nuevos proyectos de cooperar más de cerca con el negocio de Leo y la profesión odontológica de sus hijos; Pedro, soltero aún y de lleno con su carrera judicial, que no le quitó su afición intensa por los deportes y algunas diversiones nocturnas; Liliana, acompañando con su profesión a Mario en el proyecto de seguir creciendo y apoyando a sus cuatro hijos, aún el mayor ya casado. En fin, en una Argentina que "duele" por tantas cosas, es una felicidad exponencial verificar que todos mis primos están cosechando en foirma excelente el sacrificio de una vida de trabajo y tesón... se lo ganaron!
Ni hablar del ambiente nuevo y muy prolijo del salón, del excelente servicio ofrecido y de la bebida, la comida y los postres, que francamente fueron de una cantidad y calidad poco común en estas reuniones. Solamente el clima no estuvo completamente a la altura de las circunstancias, fue un día muy frío y ventoso pero, finalmente pensé en dos cosas al respecto: a) en Bahía podía esperarse algo mejor para esa época?, b) el frío climático jamás podría afectar al "calor" que había en ese salón, donde todos disfrutamos la compañía de todos, conocidos o no conocidos, simplemente por el factor común de "la vasca" radiante en medio de nosotros.
Es muy probable que nunca más coincidamos los primos hermanos en un lugar, estamos bastante desparramados por lugares lejanos, como La Plata, Santa Rosa y Bahía Blanca, pero no es lo más importante saberlo hoy. Lo que importa es lo que supimos siempre: que juntos o no, somos más hermanos que primos.

Como dije al comienzo, en realidad escribí unos renglones pero no dije nada comparado con lo que vivimos, porque no hay palabras que puedan describir ese regalo que recibimos nosotros, aunque la excusa fue el cumpleaños de Ellén y le lleváramos regalos a ella... sencillamente fue una "fiesta" inolvidable para el alma, para nosotros y para el recuerdo de nuestros padres y abuelos que, sin proponerlo, estuvieron allí seguramente, disfrutando con su espíritu el verdadero amor que supieron inculcarnos naturalmente.
Por último, agrego la foto grande, donde además de los primos, están también los hijos de Ellén, su nieto y mi esposa. Lamentablemente noté tarde que faltaban Leonardo y Mario, para completar mejor el grupo.
En el próximo post seguiré con el viaje de regreso, con escala en Sierra de la Ventana.
