Sus hijos Javier, Diego y Andrés, desde algún tiempo atrás, prepararon una fiesta en un hermoso salón de esa ciudad.
Probablemente ellos y Ellén pensaron que estaban encaminándose a una hermosa fiesta cumpleañera donde se juntarían parte de familiares y amigos, pero lo que no sabían ellos ni nosotros, es que en realidad se estaba gestando un "milagro" de amor familiar, de felicidad por los reencuentros y de la excepcionalidad de juntarnos
"casi" todos los primos hermanos descendientes de hijos del abuelo José.
Dicen que soy medio flojo en lo emotivo y bstante exagerado en mis apreciaciones... tal vez sea un poco así, pero deben creer que lo que relato ha sido una experiencia imborrable por las vivencias de estar juntos.
Con Hermilse viajamos el viernes 12 a la mañana y, después de una siesta en el hotel y de hacer algunas compras por el centro de Bahía Blanca, nos encontramos con Lucía (prima hermana) y Leonardo (su marido) que recién llegaban de Santa Rosa, también adelantados.

Coordinamos con Ellén para ir a cenar a su casa y aprovecharla a ella y a la tía María (el mes que viene cumple 96 años!). En la foto estamos, detrás de la tía y de izquierda a derecha, Ellén, Lucía y yo.
Entre unas deliciosas pizzas (hechas por Diego) y unos buenos tintos, nos dimos cuenta de algunas c
osas, a eso de las 24:00: que todos estábamos cansados; que Ellén al día siguiente tenía un día agitado y que estar juntos los tres primos hermanos había hecho
que todo pareciera haber durado un minuto nada más. Así, entre abrazos y con esa sensación de "no querer irse", nos fuimos a descansar, no sin antes seguir a Leo y Lucía a un café para terminar la noche a las 2:00 en nuestros respectivos hoteles.
Este encuentro empezaba a dibujar lo que iba a ser la fiesta del sábado. Lo dejo para un relato posterior.
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