
Ayer regresé de otra visita al campo que era del abuelo "Pepe". Me queda alegría y también dolor, porque tal vez ya no tenga sentido volver.
Si miramos la foto de la derecha, está nuevamente toda la familia de José Virgili en el campo de La Pala.
Mis abuelos se casaron el 10 de septiembre de 1908 en Pellegrini. Tuvieron 9 hijos, 5 mujeres y 4 varones, de los que sólo quedan 2 en vida, a saber:
Esperanza Nicolasa (nació el 6/12/1910 y murió el 2/5/1911); María Angela (22/10/1922, vive); Rosa Asunción (15/8/1914 y 8/12/2004); Andrés Leandro (28/11/1915 y ¿?); Vicente Higinio (11/1/1918 y 23/12/1980); Ernesto Ignacio (2/11/1919, vive); Riga Nélida (4/3/1921 y 8/3/1993); Luis (17/7/1922 y 30/4/1978), e Irene (16/10/1923 y 1/6/2005).
En la fotografía son, de iquierda a derecha: Rosa, María, abuela Lucía, Nélida, Irene, abuelo "Pepe", Luis, Andrés, Vicente y Ernesto.
Noten la casa a la iquierda, que ya describí en general, y el molino a la derecha. Aunque no se ve en la foto, al lado del molino estaba un tanque australiano de material, y detrás del auto y mi familia, el aljibe.
En ese campo, en esa casa, se cumplieron todos los sueños de los abuelos en cuanto a colonizar una tierra nueva y próspera y fundar una familia. Lo hicieron con creces. Era una época diferente, donde el ferrocarril generaba una dinámica poblacional completamente distinta a la actual. Los abuelos trabajaron duro e hicieron crecer su economía agropecuaria, los tíos nacieron y crecieron en esa tierra, pertenecieron a ella tanto como la tierra les perteneció.
El campo está a a 2.100 m de la escuela actual de La Pala. El camino es así: desde la escuela se sigue hasta topar con el alambrado (500 m), se dobla a la izquierda (200 m), se dobla a la derecha en la primera huella y se recorren 1.400 m hasta donde empieza el campo, a la izquierda del camino. En ese trayecto hay una "S" suave y otra más pronunciada poco antes del campo. Tiene muchas cina-cina, que están muy crecidas ahora.
Del campo a Villa Maza hay 23.400 m, de los que actualmente 10.200 son pavimentados.
Cada uno de los hijos hizo su vida después, con mayor o menor arraigo, pero todos quedaron "atados" a su lugar de origen. Se fueron porque la tierra les quedó chica para tantos varones y el abuelo no se animó a seguir comprando campo, aunque tenía recursos para hacerlo. Recién en 1946 adquiró 100 ha más para completar las 200 con las que murió, pero era algo tarde y poco para todos... los hijos empezaron a buscar sus propios rumbos.
De todas formas, allí creció una gran familia, con la problemática de cualquier otra, con virtudes y defectos, con aciertos y fracasos, pero una hermosa familia... MI familia, la de mi papá, la que me dejaron compartir con tanta bondad y alegría, en la que recibí siempre un trato cariñoso, contenedor, deslumbrante.
Eran trabajadores admirables, como tantos otros colonizadores. Duros, "chinchudos" a lo Virgili, con algo de resentimiento a una vida tan despojada de gestos amables y tiernos, sin caricias, pero también eran (y son) nobles y honestos "a muerte". Sin instrucción (por no haber medios en esa época, más que un tercer grado primario), son de una inteligencia especial, pragmática, resolutiva. Todos se caracterizan por una memoria privilegiada, asociada a un casi obsesivo ejercicio del recuerdo de esos años en La Pala, a pesar de que conscientemente solían rechazarlo.
Sin emargo, aunque me he resistido a aceptarlo, todo tiene un principio y también un final.Como ya dije, volví varias veces al campo, para estar un rato contemplando lo que iba quedando de esa casa. Como se ve en otro "post" (18/10/2005), hasta hace unos años algunas paredes quedaban en pie para ayudarme a rememorar los miles de recuerdos lindos de mis viajes desde la niñez.
Ayer, como otras veces, con emoción crucé La Pala para llegar al campo y por poco no me pierdo!... la huella ya casi no se transita, está cubierta de pasto y las cina-cinas por trechos se cierran sobre el techo del auto.
El campo ya no tiene tranquera y el monte de la casa tampoco tiene las decenas de eucaliptus que lo rodeaban. Tuve que caminar por el campo del costado y caramba... el alma se estruja un poco al ver que el tiempo y otros destinos ya casi han hecho desaparecer todo. Unos arbustos cubren prácticamente todo el terreno y de la casa no quedan más paredes, sólo se ubica su lugar porque aún se observa en parte lo que era el sótano, como se ve en la segunda foto. Los otros vestigios visibles son las paredes del aljibe de unos 30 cm y un pedazo de la par
ed del tanque autraliano, y nada más.No era un problema de propiedad material, porque lo disfrutaba aunque nunca fue mío. El dolor de hoy es porque ya está "muriendo" todo rastro que me hacía sentir que parte de aquel pasado seguía muy vivo en mi corazón por las referencias que visualizaban mis ojos. Quedaban paredes, pero alcanzaban para "reconstruir" como una película las imágenes de mis tíos jugando en ese patio, o las mías y de mi hermana en el mismo patio, en el tanque australiano, en el aljibe, en toda la casa, en la huella de la tranquera, en el Ford '35 del abuelo.
Ahora, los arbustos que tapan todo con la voracidad de lo salvaje en aquello que se abandona, me hicieron saber de un sólo golpe que se acabaron los sueños, las películas, la casa, el patio, el tanque, el aljibe y, lo que es más doloroso... me hiceron notar con la crueldad de ciertas realidades que los abuelos y casi todos los tíos ya no están, y nunca más estarán.
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