viernes, 29 de octubre de 2010

Nació Lucas Virgili...!!!

Ustedes no vayan a creer que estoy exagerando la alegría eh!... pero hoy nació mi tercer nieto: Lucas Virgili

Así como no se ama  más a un hijo que a otro, tampoco se ama más a un nieto que a otro, pero Lucas tiene una característica distintiva que le agrega un matiz a la felicidad de ser testigo nuevamente del milagro de ver y tocar al hijo de mi hijo: es el único responsable de mantener la línea de sangre de mi abuelo José (tatarabuelo de Lucas) y, tal vez, la de mi bisabuelo Giovanni (no sé si algún hijo varón de Pacífico o Venancio han tenido descendientes).

El tema es que hoy, a las 10:35 y pesando 3.400 gramos, nació en un sanatorio de la Capital Federal el hijo de mi hijo Germán y de mi hija política Ingrid.

No quiero pecar por exceso de "abuelismo", pero este niño es una preciosura total, aunque nació por cesárea porque después de hacer trabajar a la madre cinco horas en la sala de partos, seguía muy arriba y parecía negarse a salir por su cuenta a este mundo que nos toca vivir (será adivino?).

En fin, se agrandó la familia Virgili una vez más y con la fortuna de saber sanos y vitales a Lucas y su mamá. En esos ejercicios pavos que solemos tener, pero nada reprochables, me imaginaba la cara del abuelo José y de papá, que siempre me recordaban mi responsabilidad de hacer defensa de la sangre con hijos varones: yo cumplí hace 34 años y ahora cumple mi hijo con su hijo. No sé si veré que Lucas siga o no con la dinastía a través de su descendencia, aunque seguramente es una esperanza que no perderemos las cinco generaciones que le precedemos.

La foto muestra a dos de las personas más importantes de mi vida... y Lucas con siete horas de nacido!

viernes, 22 de octubre de 2010

Tía María, hoy 98 años!

¿Qué puede decirse de una tía que cumple 98 años? Muchísimas cosas en pocas palabras...

Es la mayor de los ocho hijos de los abuelos José y Lucía, la que hizo todas las tareas reservadas en la sacrificada vida de campo de principios del siglo XX y, por si fuese poco, también parte del rol de "mamá" de sus hermanos menores, sean mujeres o varones.

He frecuentado mucho a la tía, tanto en el campo con Tomás, su primer esposo fallecido joven, como en Carhué, donde formó su segundo matrimonio con Pedro Angerami.

Hasta la fecha sigo teniendo las imágenes grabadas de la tía en su papel fundamental: trabajar... siempre haciendo algo, siempre secándose las manos con el delantal, siempre con un elemento de limpieza o fregando o haciendo mandados o aseando la casa o... trabajando!

Su ascendencia virgiliana la dotó de un fuerte carácter, sin dudas, pero su ascendencia Di Yelsi le aportó una dulzura tierna que compensaba bien las cosas. No es de una época donde sobraban los mimos o las consideraciones actuales de la psicología social, lo que otorga más mérito a quienes supieron ganarse el amor de quienes los rodeamos.

La foto es de justo diez días atrás, cuando pasé por Bahía Blanca para darles unos besos a ella y a mi prima Ellén, con quien reside y recibe todos los cariños que merece. Tiene una lucidez que asombra, al igual que su vista (lee sin anteojos) o su audición (oye mejor que yo!).

En fin, es especial la tía María, para mí tanto como lo fue para papá, que siempre hablaba de ella con un respeto profundo, tanto como su amor por aquella hermana que además de cuidarlos, seguramente los debe haber apañado en más de una fechoría de adolescentes.

Un beso enorme, tía, que sigas pasando estos tiempos de tu vida rodeada de afecto, de todo el amor que supiste ganarte a fuerza de trabajo, nobleza y protección.

martes, 12 de octubre de 2010

El campo de La Pala... hoy

Hoy pasé nuevamente por el campo que fue del abuelo "Pepe" en La Pala y por la estación Francisco Murature, de regreso de un viaje rápido pero fructífero compartiendo unas horas con las primas hermanas de Santa Rosa y de Bahía Blanca.

Es un afán inexplicable que ya comenté, como un llamado a estar ahí, pisando el mismo suelo que los abuelos, papá y los tíos apisonaron muchos años con sus vidas. Sea como fuese, mientras tenga movilidad y oportunidad seguiré pasando por ese campo, que hoy pertenece a una familia de Colonia Naveira pero que lo siento tan Virgili como en mi niñez.

Claro, cada viaje golpea un poco más desde la realidad de los cambios que el tiempo produce, incluyendo algunas sorpresas: el camino que derivaba en la tranquera original (que ya habían corrido unos metros, al potrero contiguo) está cerrado con un doble alambre de púas! A la vista se ha dejado de usar esa huella que recorrimos tantas veces la familia... y "da cosa" ver que algo que tuvo tanta vida ahora es llevado a la muerte del desuso.

Para poder llegar al campo del abuelo ahora se sigue derecho (400 m), se topa y dobla a la derecha y se recorre la huella hasta enfrentar una tranquera de dos hojas (875 m), que resulta la nueva entrada al campo, por lo que antiguamente era el lateral izquierdo, a la altura de separación de los grandes lotes.

La zona del campo donde estaba la casa ya fue cubierta por pastizales, arbustos y demás vegetación propia de la zona, hasta cubrir casi todo rastro de lo que fue una vivienda con una familia de padres y ocho hijos. No pude encontrar ni siquiera el pozo de lo que en su época era el sótano de la casa. Acongoja un poco pero no evita que pueda rememorar la felicidad de haber compartido allí parte de los mejores momentos de mi infancia o de estar donde se criaron papá y los tíos.

La estación de Murature corre igual suerte: los años y el abandono van haciendo su obra destructiva sin pausa. Los galpones ya tienen grandes muestras de destrucción en sus chapas, del techo sobre todo. Las vías  denotan el uso frecuente, con lo que deduje que por lo menos los trenes de carga ponen un poco de vida ante tanto viento y desolación.

La edificación de la ex estación (tengo fresco en la memoria el andén lleno de gente!) ahora causa tristeza. Alguien parece vivir allí (no encontré a persona alguna en el rato que permanecí), porque en una de las habitaciones se ven animales de corral y al costado dos caballos pastando. Todo muy sucio y desprolijo.

Ya dije, no hay explicación y, seguramente, no debe ser importante encontrarle alguna más que la fuerza de las raíces y de la sangre. Espero volver nuevamente en pocos años.  Sé que habrá más yuyos que hoy, que habrá menos que ver y, tal vez, más huellas cerradas por alambrados, pero el revivir las imágenes de ellos (los Virgili) me motiva más que suficiente para repetirlo.